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Lo
que la imagen analógica no dá, la fotografía
digital
no presta.
Por Fernando
Osorio Alarcón
Las
nuevas tecnologías de la imagen han revolucionado nuestra
cultura iconográfica. Actualmente vivimos un proceso de producción
icnográfica en el campo fotográfico que bien podemos
llamar un proceso híbrido. Por una parte los fotógrafos
profesionales cuentan con archivos de imágenes analógicas
y con equipo analógico que es su herramienta diaria de trabajo.
Las imágenes producidas son obtenidas por procesos químicos
tradicionales y posteriormente, por otro lado, estas imágenes
se someten a un proceso de digitalización para su publicación
y diseminación. Estos procesos de digitalización son
ofrecidos por búros de servicios profesionales de digitalización
en donde la comunicación entre cliente y proveedor se antoja
lo más fluida posible. Esa comunicación estriba en
los conocimientos técnicos y experiencia de ambas partes
sobre los sistemas de las nuevas tecnologías y sus alcances
en comparación con los sistemas tradicionales de generación
de imágenes fotográficas.
Las
imágenes analógicas una vez digitalizadas llevan en
su propia escencia una limitante. Provienen de un original formado
por plata metálica o por colorantes sobre gelatina y esos
elementos formadores de la imagen final son los mismo que se transformaran
en inumerables secuencias de valores de 0 y 1 [sistema binario digital].
Lo que los escaners leen y transforman en pixeles [picture elements]
proviene de las líneas por milímetro que forman la
resolución de imagen dada por la formulación de la
emulsión y la calidad densitométrica de la imagen
analógica. El CCD de una escaner también tiene límites
en la resolución de su diseño tecnológico.
Asi que hacer empatar estas dos limitantes conlleva a una reflexión
profunda de los alcances que las herramientas digitales y sus potenciales
cualidades de manipulación logran impactar en una imagen
final. Por consecuencia, la manipulación digital de una imagen
de origen análogico no se escapa de esta plataforma de limitaciones.
Una imagen que se somete a un proceso de digitalización debe
de establecer desde un principio su mejor resolución de entrada
al sistema digital y ésta se encuentra sujeta a la resolución
de salida [impresión o despliegue] por las veces que se amplificará
[Resolución de entrada a resolución de salida x magnificación].
Si esta fórmula se respeta entonces las imágenes por
digitalizarse replicaran en el número exacto los puntos en
que deben de ser divididas para formar la imagen en la plataforma
digital y en el momento y dimensiones previamente establecidas por
las necesidades del fotógrafo. Lo cual indica que no por
digitalizar una imagen en la máxima resolución posible[del
escaner] alcanzaremos mayor calidad de brillo, contraste, luminosidad
y croma de la imagen, si ésta, en su forma analógica
no posee esas características. La digitalización no
hace milagros de esa magnitud, pero un buen manejo de los escaners
y los softwares integrados a esa herramienta digital si pueden lograr
acercarse lo mas fielmente a las cualidades de la imagen analógica
y respetarlos en un sistema de formación de imagen totalmente
diferente al sistema analógico.
Por
principio de cuentas, un escaner debe contar con un software que
permita desde el pre-escaneo visualizar en pantalla las cualidades
de la imagen por digitalizar. Además, debe contar con las
herramientas necesarias para análisis de la tipología
densitométrica de la imagen. Es durante el escaneo cuando
se generará la matriz digital. Exactamente igual que cuando
se expone la toma analógica. En este primer paso de adquisición
de la imagen digital es cuando deben hacerse las correcciones sutíles
que incrementaran, limitadamente, las cualidades de la imagen analógica
para que estas no se pierdan calidad o se compense a su paso a la
plataforma digital.
El software del escaner, en este punto es muy importantes, primero,
porque aquí es donde la imagen recibe las 'ganancias' y el
escaner las instrucciones para transferir los datos a un ambiente
binario. Estas indicaciones van desde la comprensión de la
curva densitométrica de respuesta para ganar indice de contraste;
ya que una imagen analógica dificilmente tiene valores de
cero [negro] y de 256 [blanco] en la escala de tonos de grises.
De tal forma que si comprimimos de cero a tres y de 256 a 250, los
valores de grises se colocaran en la pendiente de la curva [parte
recta de la curva] y automáticamente la imagen 'ganara' indice
de contraste. Otro caso, está en el uso de las utilierías
para aguzar [sharpen edges] las orillas de los tonos de grises [la
referencia a la escala tonal de grises se debe entender para imágenes
cromáticas por igual, ya que los sistemas RGB y CMYK de la
fotograf’a electrónica estan basados en estos sistemas aditivos
y sustrativos de color], en este punto se recomienda aguzar las
orillas desde la adquisición de la imagen digital para perfilar
los valores entre los pixeles.
Las
utilerías de retoque deben ser aplicadas desde el manejador
de datos del escaner para transferir la imagen lo más limpia
posible, lo mismo se recomienda realizar los ajustes dimensionales
de encuadre o recorte para manejar un archivo de dimensiones definitivas.
Las recomendaciones anotadas tienen el objeto de obtener una matriz
lo más pulcra posible desde su tranferencia y no esperar
a que una vez digitalizada la imagen, ésta se someta a softwares
de manipulación que en lugar de mejorar la imagen solo hagan
crecer inultilmente el tamaño del archivo.
Muchas
veces se piensa, equivocadamente, que a traves de los softwares
de manipulación de imágenes digitales el brillo, el
contraste, el balance del color, el croma pueden mejorarse en favor
de la calidad de las imágenes y eso no es totalmente cierto.
Un concocimiento profundo de como funciona un escaner y los alcances
del software que controla él mismo, la habilidad del especialista
en digitalización, su cultura fotográfica y visual
son fáctores imprescindibles para no trastocar la calidad
de una imagen analógica al ser transferida a una plataforma
digital. Lo mismo podemos apuntar para quienes manejan y aplican
los softwares comerciales de manipulación de imágenes.
El buen ojo fotográfico, una mano suave y una mente organizada
pueden hacer mucho por una buena imagen, siempre y cuando ésta
tenga calidad, el software no le prestará la calidad.
Para
aprender más
Bibliografía recomendada para su consulta:
-
Pocket Guide to Digital Prepress. Frank J. Romano. Delmar Publishers.
Albany, N.Y. USA: 1996.

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